Prácticamente con el inicio de este ciclo escolar, celebramos lo que hemos llamado, desde hace algunos años, el “día M”, en conmemoración al natalicio de María Montessori, quien le ha dado vida a las escuelas que seguimos su propuesta pedagógica.
La mayoría de la gente asocia a la Doctora Montessori con el extraordinario trabajo que realizó, en algún momento, con niños internados en un hospital para enfermos mentales, así como la propuesta pedagógica que, entonces, comenzó a construir; pero no muchos conocen a la mujer que debió abrirse paso como madre soltera, activista y perseguida política, en una época mucho más intolerante que ahora, a la participación de la mujer en la vida profesional y social.
Repasemos brevemente su biografía. Su nombre completo es María Tecla Artemisa Montessori, nació el 31 de agosto de 1870 en Chiaravalle, Italia. Su padre, Alessandro Montessori, era un militar muy estricto, y su madre, Renilde Stoppani, se dedicaba al hogar. Se crío bajo la religión católica, como hija única, y los alcances profesionales a los que podría aspirar en ese entonces, eran como maestra o secretaria, sin embargo, y en contra de los deseos de su padre, inició sus estudios de Ingeniería a los 14 años. Posteriormente ingresó a la Facultad de Medicina, graduándose como la primera mujer médico, en Italia, en 1896. Más tarde estudió Antropología, con un doctorado en Filosofía.
Creó los programas pedagógicos para las distintas etapas de desarrollo, desde el nacimiento hasta la adolescencia, basados en una filosofía que centra al niño en la educación, siguiendo sus propias necesidades e intereses, y para ello retomó de otros pedagogos, materiales de desarrollo, e inventó muchos más, basándose en la observación y experimentación de los mismos. Escribió varios libros sobre su pedagogía científica. Fundó la Asociación Montessori Internacional (AMI) en 1929, que estuviera a cargo de su hijo hasta su muerte, en 1982. Como Antropóloga y Médico, desarrolló su propia clasificación de enfermedades mentales, y se interesó, sobremanera, en las condiciones sociales de la mujer.
Participó en los primeros congresos internacionales para mujeres: en 1896 en Berlín, y en 1898 en Londres. Su postura siempre fue la de ver el trabajo de hombres y mujeres, en equilibrio, para la creación de una sociedad más sana y justa, y para el buen desarrollo de los niños, quienes serían los adultos del futuro.
Su maternidad ha sido blanco de críticas hacia lo que se considera una inconsistencia en su trabajo como pedagoga y feminista. A la edad de 28 años tuvo un hijo fuera del matrimonio, con el Doctor Giuseppe Montessano, colega suyo en la escuela Ortofrénica. Tanto su madre, como la del Dr. Montessano, se opusieron rotundamente a un matrimonio entre ambos, y presionaron duramente a María para entregar a su hijo a una nodriza. Giuseppe y María se comprometieron a no casarse entre ellos, ni con nadie más, sin embargo, Giuseppe pronto formó su propia familia, y María renunció a su trabajo y rompió toda relación con el padre de su hijo.
María nunca perdió contacto con Mario, su hijo, a quien visitaba con frecuencia, sin decirle que era su madre. A los 7 años lo mandó a un internado, y continuó visitándolo, pero fue hasta 1913, un año después de la muerte de Renilde Stoppani (abuela de Mario), que lo llevó consigo. Tuvieron que pasar muchos años más para que reconociera a Mario, públicamente, como su hijo.
Mario renunció al apellido Montessano, como una forma de rechazo hacia su padre, quien jamás quiso hacerse cargo de él. Desde entonces, juntos, continuaron la labor pedagógica de María Montessori alrededor del mundo, y hasta su muerte, el 6 de mayo de1952, en Nordwijk, Holanda, a la edad de 81 años.
María Montessori también fue una perseguida política. Ante la instalación del fascismo en Italia, a cargo de Benito Mussolini, y su negativa para adoctrinar a los niños en sus ambientes preparados con esta ideología, se ordenó, en 1934, cerrar todas las escuelas Montessori y quemar sus libros. María viajó a España, en donde desarrolló métodos de catequesis, pero al estallar la Guerra Civil Española, en 1935, se instaló en Holanda, su última morada. En 1939 María y Mario fueron invitados a la India por la Sociedad Teosófica, sin embargo, debieron permanecer ahí hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Durante este lapso tuvo la oportunidad de formar a más de 1500 maestros, y de desarrollar el programa de Comunidad Infantil, del nacimiento a los 3 años, y de Taller, para niños de 6 a 12 años.
Al haber vivido en un tiempo turbulento y de grandes guerras, vivió y trabajó para difundir sus ideas sobre el futuro de la humanidad, centrándose en la premisa de que la “salvación se encuentra en el niño”.
A lo largo de su vida tuvo la oportunidad de conocer a interesantísimos personajes, como Rabindranath Tagore, Sigmund Freud y Mahatma Gandhi, quienes admiraban su labor, y con quienes mantuvo correspondencia.
Como epitafio se lee, en su tumba: “Ruego a los niños, todopoderosos, se unan a mí, para construir la paz del hombre y la paz del mundo"